Nunca entres en un viejo McDonald’s: la creepypasta que sigue inquietando

El mundo de los creepypasta está repleto de leyendas, muchas de ellas mezclando nostalgia y misterio. Una de estas curiosas y aterradoras historias tiene que ver con la estética de un conocido restaurante de comida rápida… y con algo que no debería estar ocurriendo en su interior. 

Si aún no la conoces, quédate conmigo para descubrir por qué nunca deberías visitar un viejo McDonald’s


¿Qué es la leyenda urbana del viejo McDonald’s?


Esta leyenda urbana apareció en la primera década de los 2000 tanto en foros de internet como Reddit, blogs con contenido de creepypasta y vídeos de YouTube o TikTok. 

La historia no tiene un único autor y sus vivencias y supuestos casos reales, no han sido documentados. Pero en todas ellas se repite la misma sensación en el lector:

“No deberías haber venido.”
“Nunca entres en un McDonald’s viejo.”

Por lo que si aún no la conocías, aquí tienes mi versión basada en todas aquellas que durante años circulan por internet:

El hallazgo: un McDonald’s detenido en el tiempo


La leyenda suele comenzar con un protagonista cualquiera, perdido o en busca de aventuras, encontrando un viejo McDonald’s en el lateral de una carretera secundaria, aunque también se podría encontrar en un pueblo abandonado y desértico o una zona olvidada. 

Lo que hace extraño el hallazgo es lo aislado de un restaurante de estética antigua, más propia de aquellos McDonald’s de los años 80 o 90, con el logo antiguo de la marca y carteles promocionales muy desfasados. Aparentemente, el local está abandonado y sin actividad a su alrededor, pero con las luces encendidas y la puerta abierta.

Desde fuera ese McDonald’s parece haberse detenido en el tiempo. 

A medida que el visitante se acerca a la puerta del local, por el camino se encuentra algún coche antiguo y sucio aparcado en el aparcamiento para clientes, así como algunos restos de comida tales como patatas, refrescos o hamburguesas tirados en el suelo. 

El interior y los empleados 


Al entrar, la sensación es extraña, una mezcla de nostalgia e inquietud. No hay música de fondo, en la piscina de bolas no hay ni un solo niño jugando y saltando, las máquinas parecen funcionar, los carteles están iluminados, pero, pese a haber algún coche aparcado en la entrada, no hay clientes comiendo en las mesas, ni pidiendo en el mostrador… aunque sí un par o tres de empleados vestidos con los atuendos de antiguos trabajadores esperando atender a los clientes.


Al acercarse y preguntar, esos empleados de aspecto pálido y sin apenas expresión en sus caras, repiten las frases con un mismo tono y se mueven de forma mecánica… eso sí, evitando el contacto visual.

Invadido por la curiosidad y el hambre hace un pedido que tarda mucho más de lo esperado. En el interior de la cocina nadie se mueve, ni se escucha nada que haga pensar que alguien está preparando el menú. Cuando por fin lo entregan, el aspecto de la comida no parece el mejor, desprendiendo un olor raro que no invita a probar bocado. 

Huida y advertencia final


Una sensación incómoda pone en guardia a nuestro protagonista, que decide levantarse y largarse lo más rápido posible de aquel lugar. Pero la puerta principal no se abre, dejándole encerrado en ese extraño restaurante que parece ir cambiando por segundos a un aspecto perturbador, oscuro, y desolador, con las luces parpadeantes, aquellos pálidos empleados mirándolo fijamente y dando la sensación de que la sala se encogía.

Invadido por pánico consigue abrir la puerta del local y salir a toda prisa, no sin antes tropezarse con una baldosa levantada por la maleza que ahora parece rodear el aparcamiento. Al volver a mirar a la entrada, el local ahora sí que parece abandonado y totalmente vacío, sin una luz que invite a entrar, cristales rotos, el logotipo de la entrada descolgado y resquebrajado y una negrura en el interior del local, propia de un lugar en ruinas. 

Nuestro aterrado y desconcertado protagonista, entra visiblemente nervioso en su coche y tras arrancar huye como alma lleva el diablo. 

Nunca más se supo de esa persona anónima, aunque alguno cuenta que en realidad nunca logró salir de allí, otros que al sobrevivir juró jamás volver, mientras que otros aseguran que ese McDonald’s nunca existió o que al escapar descubrió que el restaurante estaba demolido. De todo esto queda clara una advertencia: si alguna vez descubres un viejo McDonald’s, no entres nunca.

Una historia nacida del folclore digital, sin origen claro ni peligro definido, sin respuestas concretas al misterio. Una leyenda que funciona precisamente por eso: por apoyarse en una marca familiar y cotidiana, por deformar la nostalgia y por conectar con el miedo a los lugares abandonados, a lo conocido que deja de serlo.


Mundo Pandereta en WhatsApp.
Sigue la actualidad del blog directo al móvil. 

Comentarios