El asesino de los estigmas - Capítulo 3
🌞 Verano de relatos 2026 en Mundo Pandereta
🔎 En el capítulo anterior…
Una nueva víctima dejó las primeras pruebas capaces de romper el bloqueo de la investigación. El ADN y varias pistas condujeron al detective Hudson hasta Thomas Larsson y su hijo Jonas. Con los principales sospechosos ya identificados y una orden de registro preparada, la investigación entra en su fase decisiva.
CAPÍTULO 3: La herencia
Recibimos toda la información concerniente a la vida de los dos sospechosos, padre e hijo. Paralelamente, Ingrid consigue una orden de registro. Nadie parece querer demorar nada, el primero el alcalde, que necesita como el aire de una victoria política que le sirva electoralmente. Las encuestas no le favorecen desde que el asesino de los estigmas acecha.
Aunque me encantaría terminar ya con toda esta pesadilla, prefiero esperar a la identificación del ADN. Esa es la prueba definitiva. Si sale negativa, todo lo que hagamos puede caer en saco roto.
He decidido montar vigilancia frente al domicilio de los sospechosos. Aparco mi coche cerca, pero bien camuflado entre el bullicio que hay a estas horas de la tarde en una calle transitada por aquellos que vuelven de un día duro de trabajo.
Cae la noche y Jonas, el hijo de Larsson, sale del apartamento. Parece algo nervioso mirando constantemente a todos lados intentando pasar desapercibido, como si creyera que lo están observando. Decido bajar del coche y seguirlo a distancia, temo que trame algo.
El chico se mete en un callejón oscuro donde lo pierdo. Confundido por dónde puede haberse metido, escucho un ruido detrás de mí, me giro rápidamente y ahí está. Jonas se abalanza sobre mí forcejeando violentamente. Lleva en una mano un cuchillo que intenta clavarme. Magullado, dolorido y con el corazón a mil por hora, logro zafarme y sacar fuerzas suficientes para lanzarle dos buenos golpes en la cara, que lo tumban directamente en el suelo. Desenfundo mi arma y le apunto. Jonas, medio noqueado e intentando levantarse, me grita de forma amenazante:
Jonas Larsson: ¡Demonio! Has venido a detenerme, ¡no evitarás que cumpla con mi misión!
D. Hudson: Chaval, ¿de qué coño hablas?¿Sabes que estas metido en un buen lío?
Jonas Larsson: ¡Calla! Si acabo contigo el mundo será más limpio y seguro.
D. Hudson: ¡Mierda chaval no te levantes o dispararé! ¡No me obligues!
Jonas se levanta tambaleante y se echa la mano al interior del abrigo. Durante una décima de segundo dudo. Si lleva un arma, estoy muerto. Pero aprieto el gatillo y el disparo va directo al pecho.
Al caer al suelo corro para hacia él. Compruebo sus constantes, son lentas y parece que agoniza, lamentablemente el disparo es mortal de necesidad. Le cacheo y veo que lo que intentaba sacarse del bolsillo interior era un clavo de hierro envuelto en un rosario.
Cojo mi teléfono del suelo, ya que con el forcejeo se me cayó del bolsillo y con prisas marco el número de Ingrid.
D. Hudson: Ingrid, da la orden. Entramos ahora. Que Sam prepare al equipo especial y manda una ambulancia, el hijo ha muerto.
Ingrid: ¡Dios! ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
D. Hudson: Sí, eso creo… luego te cuento. Tú muévelo todo rápido, no podemos perder tiempo.
Ingrid: Enseguida estamos allí.
Ingrid: Enseguida estamos allí.
La ambulancia y todo el operativo no tardan en llegar, provocando que la gente se arremoline alrededor. El equipo especial empieza a tomar posiciones dirigidos por Sam. Ingrid también llega con la orden de registro en la mano y detrás de ella el fiscal, mirándome con cara de pocos amigos.
Al subir llamamos a la puerta del apartamento, nadie contesta por lo que nos disponemos a tirarla a bajo. Tras derribar la puerta con un estilete, el pequeño apartamento se llena en segundos de agentes SWAT armados.
Las cortinas están corridas, provocando que todo alrededor esté en una extraña oscuridad. Hay crucifijos en las paredes, estampitas en lugar de fotografías familiares y un intenso olor a incienso.
Encontramos a Thomas Larsson en su habitación, parece enfermo y sin intención de oponer resistencia. Mientras los agentes le apuntan me acerco y le lanzo la orden encima de la cama.
D. Hudson: Thomas Larsson, esta es una orden de registro. Se le acusa de al menos seis asesinatos en el último año, ahora un compañero le leerá sus derechos mientras viene con nosotros.
Thomas Larsson: Detective Hudson, llegó exactamente el día que me dijeron.
Thomas Larsson: Detective Hudson, llegó exactamente el día que me dijeron.
D. Hudson: ¿Ellos?
Thomas Larsson: Jonas ha fracasado en su misión. El chico no tuvo nunca la fuerza y entereza necesarias para hacer mí trabajo.
D. Hudson: ¿De qué habla maldito tarado?
Thomas Larsson: Veo lo que la gente hará, las cosas malas, ya sea más tarde o más temprano. Los ángeles me muestran aquello que todavía no ha ocurrido. A usted lo vi en la televisión el otro día en los muelles, fue cuando los ángeles del señor me mostraron la muerte de mi hijo a sus manos.
D. Hudson: ¡Cuéntasela al juez esa historia! o mejor aún, ¡a un puto loquero! Eres un asesino y pagarás por todo lo que has hecho.
Thomas Larsson: Veo lo que la gente hará, las cosas malas, ya sea más tarde o más temprano. Los ángeles me muestran aquello que todavía no ha ocurrido. A usted lo vi en la televisión el otro día en los muelles, fue cuando los ángeles del señor me mostraron la muerte de mi hijo a sus manos.
D. Hudson: ¡Cuéntasela al juez esa historia! o mejor aún, ¡a un puto loquero! Eres un asesino y pagarás por todo lo que has hecho.
Me marcho de ese apartamento con algo de ansiedad, pero con una sensación de alivio. Antes de bajar las escaleras, por las que no dejan de subir y bajar agentes de policía y SWAT, recibo la llamada de Morgan, los resultados del ADN son positivos y coinciden con los de Jonas Larsson.
Al salir, veo al fiscal hablando con varios periodistas. Parece seguro y sacando pecho de una operación en la que no creía.
Fiscal: Quiero felicitar al detective Hudson por su extraordinario trabajo.
Se percata de mi presencia y sin decir nada, noto en su mirada cierta rabia. Me doy la vuelta y me marcho del lugar.
Pasados unos días, Thomas Larsson no mostró el menor de los arrepentimientos, no dejando de sonreír durante la lectura de la sentencia: condenado a cadena perpetua. Pero al estar tan enfermo, la cumplirá en un hospital penitenciario. Larsson se marcha de su juicio gritando:
Pasados unos días, Thomas Larsson no mostró el menor de los arrepentimientos, no dejando de sonreír durante la lectura de la sentencia: condenado a cadena perpetua. Pero al estar tan enfermo, la cumplirá en un hospital penitenciario. Larsson se marcha de su juicio gritando:
Thomas Larsson: ¡Habéis cometido un gravísimo error!
El silencio del juzgado fue mucho más inquietante que sus palabras.
El silencio del juzgado fue mucho más inquietante que sus palabras.
Ya han pasado unos meses en los que he recuperado cierta normalidad. Me esperan unas vacaciones pendientes y, quién sabe, si la oportunidad de recuperar a mi familia.
Mientras recojo algunas cosas en comisaría, recibo una visita inesperada, es el abogado de Thomas Larsson. Me asegura que ese loco quiere una entrevista conmigo. Está en las últimas, pero quiere hablar conmigo antes de palmarla.
Al llegar a la habitación, veo a Larsson postrado en la cama y rodeado de máquinas. Me mira, sonríe y empieza ha hablar con la dificultad de alguien al que con cada aliento pierde un poco de vida:
Al llegar a la habitación, veo a Larsson postrado en la cama y rodeado de máquinas. Me mira, sonríe y empieza ha hablar con la dificultad de alguien al que con cada aliento pierde un poco de vida:
Thomas Larsson: Le he pedido a mi abogado que le llame. Estoy muriéndome…
D. Hudson: Vaya al grano Larsson. ¿Qué cojones quiere de mí?
Thomas Larsson: Los ángeles me han encomendado una última tarea. Debo traspasarle a usted mi misión.
D. Hudson: Viejo inútil ¡Está loco! Por mí, puede diñarla aquí y ahora.
En un movimiento rápido, Larsson me agarra la mano con fuerza y con la mirada plena de odio y apretando fuerte los dientes me dice:
Thomas Larsson: Le guste o no, esta es una misión divina.
D. Hudson: ¡Suélteme! si no quiere que le haga pasar sus últimos momentos peor de lo que ya está.
Aquella noche, ya en mí apartamento mientras dormía, me desperté sobresaltado y empapado en sudor.
Me miro la mano que Larsson me agarró con fuerza. Aún me duele. Por un momento, temí que Larsson estuviera diciendo la verdad, aunque no tardé en repetirme que aquello era tan solo un mal sueño.
Miro el móvil y tengo un escueto mensaje de Ingrid de tan solo hace un par de minutos: Larsson acababa de morir. Sin saber muy bien por qué, hice algo que llevaba años sin hacer: recé.
FIN.
FIN.
Mundo Pandereta también en WhatsApp
¿Quieres recibir las nuevas publicaciones directamente en tu móvil?👉 Únete al canal de WhatsApp de Mundo Pandereta y no te pierdas ninguna nueva entrega.


Comentarios
Publicar un comentario
Si quieres comentar, adelante, pero siempre con respeto. ¡Gracias!