Los Reyes Magos no eran tres… ni reyes: el verdadero origen de la tradición

Todos conocemos la historia de Melchor, Gaspar y Baltasar: la de cómo cruzaron el desierto subidos en sus camellos mientras seguían una estrella en el cielo que los guiaba hasta Belén.

Una historia que aprendimos de pequeños y que transmitimos como una tradición más, casi sin cuestionarla. Sin embargo, sus orígenes son algo distintos a lo que solemos imaginar.

¿Aparecen realmente los Reyes Magos en la Biblia?

Quien se detenga a leer con calma las Sagradas Escrituras descubrirá algo curioso: no hay rastro alguno de Melchor, Gaspar y Baltasar tal y como los conocemos hoy.

El único texto que menciona esta historia es el Evangelio de Mateo (Mateo 2:1-12), donde se habla simplemente de unos magos de Oriente que llegan a Jerusalén guiados por una estrella para conocer al recién nacido Jesús.

El texto bíblico no especifica cuántos eran, no da nombres propios y tampoco los llama reyes. En la época, el término mago hacía referencia a astrólogos o sabios, expertos en la observación de los astros, muy respetados en culturas como la persa o la babilónica.

¿Por qué tres, por qué reyes y por qué esos nombres?

La cifra de tres parece derivarse del número de regalos mencionados: oro, incienso y mirra. A partir de ahí, la tradición terminó asumiendo que también eran tres los visitantes, aunque no existe ningún documento que lo confirme.

Lo de convertirlos en reyes llegó más tarde. A partir de los primeros siglos del cristianismo, varios autores y teólogos comenzaron a reinterpretar el relato, relacionándolo con pasajes del Antiguo Testamento que hablaban de reyes extranjeros rindiendo homenaje al Mesías.

Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar no aparecen hasta alrededor del siglo VI, y se consolidan definitivamente en la Edad Media. Incluso su iconografía fue evolucionando: uno anciano, otro de mediana edad y otro joven; uno europeo, otro asiático y otro africano, simbolizando los continentes conocidos entonces.

Tradición, adaptación y herencias paganas

No es descabellado pensar que la tradición de los Reyes Magos bebe también de antiguas celebraciones paganas. El cristianismo, como hizo en muchas otras ocasiones, adaptó rituales y símbolos preexistentes para integrarlos en su propio relato.

La visita de tres poderosos reyes extranjeros dotaba al nacimiento de Jesús de un peso político, simbólico y universal mucho mayor que la simple llegada de unos astrólogos. No era solo un niño judío: era alguien reconocido más allá de sus fronteras.

Cuando la historia no mata la magia

Las tradiciones no siempre tienen un origen tan puro o tan mágico como nos contaron de pequeños. Aun así, eso no les resta valor.

Porque más allá de textos, fechas y reinterpretaciones, lo cierto es que hay historias que funcionan por sí solas. Y la de los Reyes Magos —real, reinventada o adaptada— sigue siendo una de las más ilusionantes del año.



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