La paradoja del abuelo: viajes en el tiempo, ciencia y el dilema que rompe la lógica

¿Te gusta la ciencia ficción y el subgénero de los viajes en el tiempo? ¿Te has planteado alguna vez qué ocurriría si realmente pudiéramos alterar el pasado? Entonces sigue leyendo, porque hoy vamos a adentrarnos en una de las teorías más fascinantes —y desconcertantes— que conectan ciencia y ficción: la paradoja del abuelo. Una idea que lleva décadas haciendo estallar cerebros tanto dentro como fuera de los laboratorios. ¿Preparad@ para que el tuyo también lo haga?


Viajes en el tiempo: una obsesión de la ciencia ficción

No son pocas las novelas, películas, series e incluso videojuegos que han explorado los viajes en el tiempo. Dentro de la ciencia ficción, este concepto genera un interés especial, quizá porque —aunque suene contradictorio— la propia ciencia no descarta del todo su posibilidad, pese a que no exista ninguna prueba sólida que la confirme.

La paradoja del abuelo apareció por primera vez en la novela de 1943 El viajero imprudente, del escritor francés de ciencia ficción René Barjavel. Desde entonces ha sido objeto de debate científico, especialmente en el campo de la física teórica y la mecánica cuántica, además de convertirse en una fuente inagotable de inspiración para incontables historias.

¿Qué dice realmente la física?

Según explicó Stephen Hawking, las leyes de la física impiden los viajes en el tiempo a gran escala. Solo serían posibles a nivel submicroscópico, algo que ya ha sido demostrado. El problema es evidente: cuanto más complejo es un organismo, mayor es la inestabilidad del proceso y, por tanto, mayor el riesgo de un desenlace fatal.

Aun así, algunas teorías científicas abren una pequeña rendija gracias a conceptos como la energía negativa o la materia oscura, elementos que podrían permitir deformaciones del espacio-tiempo sin romper sus leyes fundamentales.

La paradoja del abuelo: el dilema

La paradoja plantea un escenario tan simple como perturbador: un viajero del tiempo decide regresar al pasado para matar a su abuelo antes de que conozca a su futura abuela. Si lo consigue, su padre nunca nacerá… y él tampoco. Entonces, ¿cómo pudo viajar al pasado para cometer el acto?

Aquí aparece el choque frontal con la lógica. ¿Desaparece el viajero en el mismo instante? ¿Se crea una línea temporal alternativa? ¿El tiempo se autocorrige? Cada posible respuesta genera nuevas preguntas y ninguna termina de cerrar el círculo sin provocar contradicciones.

Hitler, el destino y los universos paralelos

Si nos ponemos aún más finos, surge otra pregunta inquietante: ¿y si viajáramos al pasado para detener a Hitler antes de la Segunda Guerra Mundial? Esta hipótesis, conocida como la paradoja de Hitler, plantea si cambiar un hecho clave evitaría el desastre… o si el destino encontraría otro camino, quizá incluso peor.

Aquí entran en juego los universos paralelos, el determinismo y el libre albedrío. ¿El pasado es inamovible? ¿Se bifurca la realidad? Como ves, cuanto más avanzas en el razonamiento, más complejo se vuelve el escenario.

¿Y si solo pudiéramos observar el pasado?

Algunas obras de ciencia ficción proponen una alternativa menos invasiva: viajar al pasado como simples observadores, proyectando una imagen o una especie de holograma. No podríamos tocar nada, aunque sí ser vistos… quizá como fantasmas.

Curiosamente, esta posibilidad ha sido considerada por algunos científicos como una de las más plausibles. No así la teletransportación al estilo Star Trek, que la física descarta de forma bastante tajante.


Al final, la paradoja del abuelo no busca respuestas definitivas, sino obligarnos a pensar. Cada intento de explicación abre nuevas grietas, nuevas preguntas y más posibilidades. Y quizá ahí resida su verdadero poder: recordarnos que el tiempo, como el universo, sigue siendo uno de los mayores misterios a los que nos enfrentamos.

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