“Annie, are you ok?”: la trágica historia real detrás de la frase de Smooth Criminal
No es la primera vez que en Mundo Pandereta me detengo en un pequeño detalle oculto dentro de un gran éxito musical. Hace años ya conté la historia real que llevó a Michael Jackson a escribir “Billie Jean”, una de las canciones más influyentes y atemporales del Rey del Pop.
Hoy volvemos a Michael, pero no a través de una canción entera, sino de una sola frase. Una de esas líneas que todo el mundo ha cantado alguna vez sin detenerse a pensar qué demonios escondía detrás.
Porque el estribillo de “Smooth Criminal” convirtió en eterna una pregunta aparentemente sencilla, repetida casi como un latido:
“Annie, are you ok?”
Una frase mítica dentro de la mitología jacksoniana que, contra todo pronóstico, arrastra tras de sí una historia trágica, inquietante… y, de algún modo, también esperanzadora.
Michael Jackson nunca afirmó que esta frase estuviera inspirada por la historia que veremos a continuación. Lo que sí reconoció es que la utilizó tras realizar un curso de reanimación cardiopulmonar (RCP), donde esa pregunta forma parte del procedimiento.
La pregunta que se hace al salvar una vida
En Estados Unidos, al finalizar una práctica de RCP sobre el muñeco, el instructor indica que se pregunte en voz alta: “Annie, are you ok?”. Es el paso final para comprobar si la persona —o en este caso, Annie— responde.
El muñeco, o mejor dicho la muñeca, tiene el rostro de una joven. Desde hace décadas se la conoce simplemente como Annie, y su nombre comercial es Resusci Anne, fabricada por la empresa noruega de Asmund Laerdal.
Lo curioso es que Michael, muy probablemente, desconocía por completo el origen de ese rostro. Una historia que no comenzó a divulgarse con fuerza hasta bien entrada la década de 2020, cuando las investigadoras Stephanie Loke y Sarah McKernon, de la Universidad de Liverpool, decidieron seguir el rastro de esa cara inexpresiva y familiar.
El rostro que llegó desde el Sena
Para entenderlo hay que viajar al París de finales del siglo XIX. Fue entonces cuando los gendarmes franceses recuperaron del río Sena el cuerpo sin vida de una joven rubia, conocida desde entonces como La desconocida del Sena.
El patólogo que realizó la autopsia quedó impresionado por la serenidad y belleza de su rostro y decidió inmortalizarlo mediante una máscara mortuoria de yeso. Como nadie reclamó el cuerpo, la máscara fue expuesta junto a otros cadáveres sin identificar en un escaparate público, una práctica habitual en la época.
El rostro de aquella joven anónima se convirtió en una pequeña obsesión colectiva. Se determinó que su muerte había sido un suicidio, aunque pronto comenzaron a circular rumores: que había sido asesinada, que huía de Liverpool con un amante adinerado, o incluso que tenía una hermana gemela que, años después, la reconoció al visitar París. Nada de esto pudo demostrarse jamás.
De máscara mortuoria a salvar millones de vidas
En 1956 se descubrió que la respiración boca a boca podía mantener con vida a una persona en parada cardiopulmonar. Poco después, un miembro de la Asociación Estadounidense del Corazón detectó un problema: practicar entre alumnos provocaba lesiones graves.
La solución llegó de la mano de Asmund Laerdal, a quien se le pidió un muñeco realista para entrenar la técnica. Cuando tuvo el prototipo, sintió que algo faltaba… hasta que recordó una vieja máscara colgada en casa de sus abuelos. Era el rostro de aquella joven del Sena.
La replicó. Y así nació la cara de Resusci Anne.
La joven anónima del Sena jamás fue identificada. Nunca sabremos quién fue realmente, ni si en sus últimos momentos alguien se preguntó si estaba bien.
Pero su rostro, reproducido millones de veces en el famoso muñeco de RCP Resusci Anne, ha acompañado a generaciones de sanitarios y ha ayudado a salvar incontables vidas. Y cada vez que alguien pronuncia esas palabras —“Annie, are you ok?”—, sin saberlo, mantiene viva su historia.
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