El amor de Lucas: Cuando un deseo cambia una vida. Parte 2: EL PRECIO

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🔎 Anteriormente en El mal amor de Lucas…
Lucas lleva tiempo enamorado en silencio de Míriam, incapaz de dar el paso por su timidez. Tras descubrir un extraño ritual para cumplir deseos, decide ponerlo en práctica en mitad de la noche. Lo que parecía una locura termina convirtiéndose en una inquietante realidad cuando un misterioso hombre aparece ante él dispuesto a concederle aquello que más anhela: el amor de Míriam.


PARTE 2: EL PRECIO





Por fin llegó el lunes y mientras una parte de la ciudad maldecía que lo fuera, Lucas se levanta lleno de ilusión. 

Sale del trabajo, agarra la bicicleta y pedalea lo más rápido que puede hasta el Pub de siempre. Allí están Pedro y Marcos, como siempre tomando unas cervezas en la barra. Lucas se acerca a ellos y sin apenas saludarlos, gira la cabeza hacia donde se encuentra el grupo de Míriam, pero ella no está allí. Visiblemente defraudado, se vuelve a sus amigos y sin explicarles nada de lo que sucedió aquella extraña noche de viernes, se resigna a continuar con su vida.

Pero, alguien golpea la espalda de Lucas bruscamente. Al girarse para ver que ha ocurrido encuentra a Míriam, al parecer volvía en ese momento de su trabajo con unas carpetas repletas de papeles que del golpe fueron a parar al suelo. Mientras ella se disculpa y se agachaba a recoger esos papeles sin alzar la mirada, Lucas se levanta del taburete en el que estaba sentado para ayudarla. En cuanto cruzan sus miradas ambos tartamudeaban y sonríen nerviosos.

Durante esa semana volvieron a hablar en varias ocasiones. Pasados unos días esas conversaciones eran más largas e, incluso, no les costó unir a sus grupos de amistades. 

Como si de adolescentes se tratara, se escribían durante el día y se llamaban antes de acostarse. Paseaban juntos por Barcelona, ya no podían esconder nada. Unas semanas más tarde, Lucas y Míriam formalizaron su relación ante sus amigos y familiares. Después llegaron unas vacaciones de ensueño juntos, unas Navidades de fantasía, discusiones divertidas y a los dos años, ya estaban comprometidos. 

Su historia de amor era digna de película. Se casaron y, gracias a que Lucas consiguió encontrar un mejor empleo y Míriam logró un puesto de periodista, pudieron emprender una vida juntos en una casa a las afueras de la ciudad. La vida les sonreía y Lucas ya ni recordaba aquella madrugada.

Con 35 años su vida es estable, incluso han hablado de tener un hijo pero en ese momento comienza a sentir ciertas dudas. 

Con el paso de los años, algo comenzó a cambiar. De pronto llegar a casa es algo tedioso. Cosas que antes no importaban ahora molestan. Discuten día sí y día también. Algo dentro de él se apaga por momentos. 

Estar al lado de Míriam en cierto modo le incomoda. Incluso llega a tener una aventura con otra mujer, solo por sentir ese calor que hacía tiempo que ya no sentía a su lado. 
Pese a sus problemas, los intentos de Míriam por reconducir su relación son constantes. En cambio, Lucas es plenamente consciente de que lo suyo ha terminado. 

El día llegó y Lucas decide hablar seriamente con Míriam y le pidió el divorcio. Ella queda desolada, el amor que siente por Lucas es ciego y no quiere hacerse a la idea de perderle. 
Con el paso de los días su relación se tensa tanto, que Lucas tuvo que mudarse a un piso en el centro esperando que la distancia calmara las aguas.

Una mañana el teléfono suena y Lucas corre a descolgar. La voz de Marcos suena preocupada, Lucas lo nota nada más descolgar:
¿Qué sucede?
Míriam ha muerto... 

A Lucas le tiemblan las piernas. Marcos continúa con la voz cada vez más rota: 
Ayer noche, Míriam… se lanzó desde un puente y cayó al río. La policía la ha encontrado flotando y ya la ha identificado. 

Su vida cambia por completo en ese mismo instante, igual que aquel lunes de hace cinco años cuando cruzó la mirada con Míriam, ahora su muerte lo vuelve a cambiar todo. 

Aquello rompe más si cabe a un Lucas, al que los remordimientos y la culpa atormentan a cada segundo del día. 

Los padres de Míriam le culpan e incluso le prohíben asistir a su funeral. Sus propios padres no entienden los motivos por los que pudo dar la espalda de esa manera a Míriam y la mayoría de sus amigos, ya ni le dirigen la palabra. Solo Marcos mantiene contacto, pero cada vez más distante. Y es que nadie logra entender los motivos que le han llevado a terminar con esa historia de amor tan especial.

La tragedia de Míriam lleva a Lucas a encerrarse en sí mismo. Abandona su empleo, deja el piso donde residía y  la casa que tenían en común. Se da a la bebida y empieza a vagabundear por aquí y por allá. 

Una noche, mientras intenta cobijarse cerca de un parque público, recuerda aquel día en el que realizó ese ritual. Recuerda a ese extraño hombre que se le apareció y todo lo que le dijo y cómo después de aquello, su vida pasó a tener sentido junto a la mujer que más deseaba. Ahí, Lucas rompe a llorar desconsoladamente, a la vez que maldice grito al viento en plena noche a ese demonio: 
- ¡Maldito seas! ¡Ojalá! ¡Ojalá no hubieras aparecido jamás! ¡Ojalá nunca te hubiera llamado!

Perdido, roto y desconsolado nota una sensación familiar que le invade extrañamente. El ambiente se enfría por momentos, el viento sopla con fuerza y la poca luz que alumbraba el lugar donde pretende pasar la noche, se apagaba por unos segundos. Mira a todos lados de forma nerviosa hasta que puede reconocer una silueta. Un hombre elegante, vestido de un negro impecable y un bastón en la mano se le acerca. Era ese extraño hombre al que segundos antes había maldecido y, completamente paralizado por la situación, comienza a hablar:
Veo que la vida finalmente no te ha tratado demasiado bien.
¿Por qué me culpas?
Me pediste el amor ciego y te lo concedí. 
No fui yo quien dejó de amar.
Pedir amor ciego es peligroso… cuando eres tú quien no sabe amar.

Lucas, abatido por aquellas palabras, por primera vez comprende la realidad de sus actos.

Pasaron semanas sin volver a ver a ese hombre oscuro, pese a que intentó repetir el mismo ritual sin éxito. 

Pronto ya nadie supo de Lucas. Amigos, familiares y conocidos le perdieron la pista hasta que unos meses después su cadáver fue encontrado flotando en el mismo río donde se encontró a Míriam, a pocos metros del puente donde se suicidó. En su bolsillo una nota de papel, con la tinta algo corrida por el agua, reza un escueto mensaje: “Lo siento”.

FIN.

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